martes, 7 de enero de 2020

Me veo como yo

Cuando tenía unos 15 años siempre observaba a las demás niñas que se peleaban con los profesores porque no estaba permitido maquillarse o pintarse las uñas. Todas las demás parecían tener un estilo definido; usaban moños, se hacían tres diferentes peinados durante el día, llevaban una botella de perfume en la mochila. En cambio, yo me sentía orgullosa cuando cambiaba mi peinado a una coleta con la raya a un lado en vez de la raya en medio de siempre y recordaba ponerme desodorante. Mi guardarropa fue otra historia más dramática pues cuando salí del bachiller sólo tenía un par de pantalones y las sudaderas que siempre usaba debajo del uniforme. Por más de un año no tuve nada más que usar para la universidad y fue peor cuando mi ropa de niña dejó de quedarme.

Todo esto no significa que no fui femenina... o que nunca quise serlo. El problema fue que fueron pocas las veces que escogí cómo verme. Entre la ropa americana, un papá codo y tantos "tienes el cabello muy bonito como para cortarlo" yo decidía muy poco. Una representación exacta es una foto que tengo de un evento a los 10 años. Traigo un vestido blanco con puntitos de colores, un suéter blanco con puños y cuello de peluche, zapatos blancos, calcetas largas con olanes y como toque final el cabello recogido en un chongo apretado. Nunca me sentí tan fea y frustrada (creo que se nota en mi cara en alguna de las fotos), pero en ese entonces no pude ganarle a la elección de mi madre. El estilo cambió a lo largo de los años pero siempre ha sido aquel vestido que yo no escogí pero que debí usar porque ya estaba ahí.  Ahora que lo pienso, creo que por esas razones decía que ni loca estudiaba diseño textil. Cuán diferentes son las cosas después de cuatro años.

No recuerdo bien la secuencia de las cosas pero algún momento reciente empecé a pasar más tiempo en sitios como pinterest en vez de hacer tarea, dejé de escuchar las opiniones y las caras de enojo de aquellas señoras cuando me veían con el cabello más y más corto. También me liberé de mi vieja yo, la que tenía miedo de verse un poco diferente, la que se cambiaba esa blusa tan bonita sólo por pensar en lo que los demás dirían. Cada día soy más libre y me pongo lo que quiero con tal de que me guste lo que veo en el espejo.

miércoles, 18 de enero de 2017

Lenguaje

[El] lenguaje que no solo no permite ser nosotros mismos con el otro, sino sentirnos comprendidos, incluso cuando no estamos diciendo nada.
El silencio, incomodo o cómodo, es un lenguaje también. El silencio incomodo grita: "No tenemos nada en común". El silencio cómodo demuestra simplemente cuanto tenemos en común.
Trago con dificultad al pensar que Ethan y yo nunca estuvimos a gusto el uno con el otro en silencio. Trago con mas dificultad cuando pienso que no me siento cómoda en silencio en la mayoría de los lugares.  Como Stu me recuerda con frecuencia, Hablo demasiado. 
 
Erin McCahan


miércoles, 4 de enero de 2017

CIENTO VEINTIOCHO DÍAS ANTES

—Tú eres listo como él —aseguró—. Sin embargo, más callado. Y más guapo, pero haz de cuenta que no he dicho nada porque quiero a mi novio.
—¿Sí?, tú tampoco estás mal —le respondí abrumado por su cumplido—, pero haz de cuenta que no dije nada porque quiero a mi novia. ¡Ah, espera! Por cierto, no tengo novia.
—¿Sí?, no te apures, Gordo —me confortó entre risas—. Si hay algo que puedo conseguirte es una novia. Hagamos un trato: tú averiguas qué es el laberinto y cómo salir de él y yo te consigo [una novia.]
—Es un trato —nos dimos la mano.
Más tarde, caminé hacia el círculo de dormitorios junto a Alaska. Las cigarras cantaban su canción de una nota, al igual que lo habían hecho en casa, en Florida. Ella se volvió hacia mí a medida que avanzábamos en la oscuridad y dijo:
—Cuando caminas de noche, ¿alguna vez te ha pasado que te da miedo y, aun cuando es tonto y vergonzoso, te quieres echar a correr hasta tu casa?
Parecía demasiado secreto y personal admitir eso frente a una persona casi extraña, pero le contesté:
—Sí, sin duda. Durante un momento guardó silencio. Luego me agarró la mano, susurró «corre, corre, corre, corre» y emprendió la huida, jalándome detrás.
- JG

domingo, 29 de mayo de 2016

Trntbl: el tocadiscos que comparte tus vinilos por streaming

Este giradiscos inalámbrico envía el sonido a tus dispositivos portátiles y comparte sus canciones en las redes sociales.

Trntbl

Los audiófilos no aman los vinilos por pose, sino porque suenan mejor que los discos compactos y los comprimidos y carentes de matices archivos de nuestros reproductores portátiles. Además, los viejos discos son un objeto más deseable que los fríos CD; poner uno de ellos en el plato es una experiencia sensual que convierte la escucha de música en una actividad refinada. Quien lo probó lo sabe. 

Sin embargo, vinilos y giradiscos son dinosaurios analógicos en un universo de pequeños y versátiles mamíferos digitales. Si quieren sobrevivir, tienen que hacer concesiones al nuevo mundo. Y ahí es donde entra Trntbl (pronúnciese turntable, o "tocadiscos" en inglés), un aparato inalámbrico que envía por streaming el cremoso sonido de los vinilos a tus altavoces o auriculares Bluetooth, a toda la gama de Sonos y a tus dispositivos con AirPlay, el protocolo de transmisión inalámbrica desarrollado por Apple.

Ya había platos de ION o Audio Technica que compartían su música por streaming, pero este atractivo pedazo de tecnología hace algo inédito para un tocadiscos: a la manera de Shazam,"identifica" la canción que está reproduciendo, y la cuelga en Spotify, que le cuenta a tus seguidores en ese servicio qué estás escuchando en tu planeta analógico, y te permite crear playlists por streaming. Tus amigos en Spotify pueden incluso "sintonizar" tu streaming yescuchar lo que tú escuchas, al mismo tiempo que tú.

FUENTE:
Francisco Jódar, 2015, http://www.muyinteresante.es/tecnologia/articulo/trntbl-el-tocadiscos-que-comparte-tus-vinilos-por-streaming-221464243682