Cuando tenía unos 15 años siempre observaba a las demás niñas que se peleaban con los profesores porque no estaba permitido maquillarse o pintarse las uñas. Todas las demás parecían tener un estilo definido; usaban moños, se hacían tres diferentes peinados durante el día, llevaban una botella de perfume en la mochila. En cambio, yo me sentía orgullosa cuando cambiaba mi peinado a una coleta con la raya a un lado en vez de la raya en medio de siempre y recordaba ponerme desodorante. Mi guardarropa fue otra historia más dramática pues cuando salí del bachiller sólo tenía un par de pantalones y las sudaderas que siempre usaba debajo del uniforme. Por más de un año no tuve nada más que usar para la universidad y fue peor cuando mi ropa de niña dejó de quedarme.
Todo esto no significa que no fui femenina... o que nunca quise serlo. El problema fue que fueron pocas las veces que escogí cómo verme. Entre la ropa americana, un papá codo y tantos "tienes el cabello muy bonito como para cortarlo" yo decidía muy poco. Una representación exacta es una foto que tengo de un evento a los 10 años. Traigo un vestido blanco con puntitos de colores, un suéter blanco con puños y cuello de peluche, zapatos blancos, calcetas largas con olanes y como toque final el cabello recogido en un chongo apretado. Nunca me sentí tan fea y frustrada (creo que se nota en mi cara en alguna de las fotos), pero en ese entonces no pude ganarle a la elección de mi madre. El estilo cambió a lo largo de los años pero siempre ha sido aquel vestido que yo no escogí pero que debí usar porque ya estaba ahí. Ahora que lo pienso, creo que por esas razones decía que ni loca estudiaba diseño textil. Cuán diferentes son las cosas después de cuatro años.
No recuerdo bien la secuencia de las cosas pero algún momento reciente empecé a pasar más tiempo en sitios como pinterest en vez de hacer tarea, dejé de escuchar las opiniones y las caras de enojo de aquellas señoras cuando me veían con el cabello más y más corto. También me liberé de mi vieja yo, la que tenía miedo de verse un poco diferente, la que se cambiaba esa blusa tan bonita sólo por pensar en lo que los demás dirían. Cada día soy más libre y me pongo lo que quiero con tal de que me guste lo que veo en el espejo.
Todo esto no significa que no fui femenina... o que nunca quise serlo. El problema fue que fueron pocas las veces que escogí cómo verme. Entre la ropa americana, un papá codo y tantos "tienes el cabello muy bonito como para cortarlo" yo decidía muy poco. Una representación exacta es una foto que tengo de un evento a los 10 años. Traigo un vestido blanco con puntitos de colores, un suéter blanco con puños y cuello de peluche, zapatos blancos, calcetas largas con olanes y como toque final el cabello recogido en un chongo apretado. Nunca me sentí tan fea y frustrada (creo que se nota en mi cara en alguna de las fotos), pero en ese entonces no pude ganarle a la elección de mi madre. El estilo cambió a lo largo de los años pero siempre ha sido aquel vestido que yo no escogí pero que debí usar porque ya estaba ahí. Ahora que lo pienso, creo que por esas razones decía que ni loca estudiaba diseño textil. Cuán diferentes son las cosas después de cuatro años.
No recuerdo bien la secuencia de las cosas pero algún momento reciente empecé a pasar más tiempo en sitios como pinterest en vez de hacer tarea, dejé de escuchar las opiniones y las caras de enojo de aquellas señoras cuando me veían con el cabello más y más corto. También me liberé de mi vieja yo, la que tenía miedo de verse un poco diferente, la que se cambiaba esa blusa tan bonita sólo por pensar en lo que los demás dirían. Cada día soy más libre y me pongo lo que quiero con tal de que me guste lo que veo en el espejo.